miércoles, 10 de octubre de 2012
Windsurf: 3º fecha Grand Prix Argentino - Día 3
Día Final
Por Manuel
Ruiz
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| (Foto: Samyy Alvarez / Facebook) |
Mariano
Reutemann, me decía el primer día de competencia, cuando le pregunte por los
cuarenta nudos de viento que hubo el viernes, antes que las regatas comiencen,
que había muy pocos que podían navegar con ese impacto de viento. Por varios
motivos, pero que era de una exigencia muy alta y no todos, lógicamente, tenían
la capacidad de absorber eso y transformarlo en algo positivo.
El lunes,
último día de competencia del Grand Prix de Miramar, amaneció como los otros
dos. Nublado como los dos anteriores. Sin lluvia, pero con el seguro que llueve
en la punta de la lengua todo el tiempo. Garúas finitas, si esas de las que
molestan por imperceptibles y falta real de potencia, a cada rato.
Hasta las
10:30 el viento tenía la misma potencia que el domingo. De cero a leve. Otra
vez, desayune preocupado. Si algo aprendí en estos cuatro días en las costas de
Mar Chiquita es a valorar el viento. Algo que particular y normalmente me
molesta, quizás sea por la ridícula velocidad que alcanzan en mi balcón, en el
centro de Córdoba. Entendí al viento a cierta velocidad, entendí que es
necesario para que estas manifestaciones deportivas (bellas) sean reales.
A las 10:30
partía por última vez a la playa central de la ciudad. Ultimo día de actividad
en el área de competencia. Cruzando un arroyo, en donde dicen se pesca, que
queda de camino del camping al centro, me cruzó un viento fuertísimo. De sur a
norte, yo caminaba de este a oeste. No me preguntan los nudos, pero las
palmeras se arquearon todas. Ese fue mi valor de medida científico utilizado.
Automáticamente pensé en lo contento que debían estar los timoneles, mientras
terminaban de armar sus tablas.
Hoy si hay
viento, le digo a una de las encargadas de la organización cuando entro al
parque. Si, demasiado. Sonríe y se va. Veo muchas velas dentro del agua, veo
mucha gente buscando la costa para salir de la laguna. Los jueces o encargados
se bajan de los botes empapados, corren, buscan cosas, no se que buscan, en la
carpa, y vuelven a los botes para volver
a entrar al mar. Los handys retumban por todas partes. El megáfono es utilizado
con un tono más serio que el de los días previos. Es utilizado con más
frecuencia que en los días previos. Los raiders que están afuera tienen cara de
preocupados y contentos. Contradictorios. Las ganas de salir a navegar ese
viento, de enfrentar esas corrientes. De desenlazar esos nudos y convertirlos
en velocidad propia. Saber, no saber, en realidad, si los comisarios
deportivos, los dejarían volver al agua. Adentro de la laguna los barcos iban mucho
más lejos de lo naranja de las boyas. El viento había llevado a unos cuantos
timoneles a recorrer la mar chiquita sin que ellos quisieran. Para mostrarles
lo hermosa que es. Una excursión gratuita.
Peligrosa. Y los rescatistas, iban detrás de ellos.
¡La categoría
Bic y Promocionales no vuelven al agua! Repiten. ¡Dentro de media hora, los
RS:X , racebord y Fórmula, dentro de media hora, vuelven al agua para probar y
ver si se navega o no! Repiten. Desde el altavoz los organizadores. Los bic,
los juveniles, se quejan. No habrá más regatas para ellos. No les importa a los
que han gando, ni a los que no. Ellos quieren estar adentro. Es natural. A esa
edad, con la desobediencia, la no conciencia del peligro en la superficie de
todas las actitudes. Ellos quieren estar adentro con ese viento.
Max, ata en
el mastilero, las banderas de las categorías que si seguirán navegando. Parcen
gestos menores, normales, pero el esta ahí, con paciencia y empeño, informando
por banderas que es lo que va a pasar adentro de la mar. Que es lo que importa,
al final de cuentas. Otra vez el altavoz, ¡Los Bic tiene prohibido navegar! ¡Los
Bic tienen prohibido navegar! Allá van entonces. Y allá va Franco, en el gomón
a buscarlos. Porque navegan si no se los autorizo. Y vuelven a la costa, con el
placer de no haber hecho el más mínimo caso.
Los RSX, Raceboard
y Fórmula, ya están en el agua. Se corre. Se terminan las regatas que faltan.
Habrá que esperar hasta la entrega de premios para saber los podios definitivos de cada categoría.
Son las
cuatro de la tarde. Nadie hay dentro de la Mar Chiquita. Los
organizadores acomodan todo en el camión escenario. Los timoneles lavan y
guardan sus aparejos en un ritual, también contradictorio. Cansados. Felices
por haber estado ahí. Tristes por el sólo hecho de tener que guardar todo y
esperar hasta la próxima vez.
Una especio
de ciclo se cierra. El viernes alrededor de las cinco de la tarde, llegue a
Miramar y me fui para la playa, para ver como iba a funcionar todo, como me iba
a organizar para trabajar. Cuestiones gruesas, necesarias desde la logística
personal. Le pregunto a unos pibes por Franco Ferreyra, y me dicen que ahí viene.
Baja de la costanera, con un tablero. El tablero de competencia. Mariano
Reutemann lo ayuda. Saludan y lo colocan donde iba a estar el primer día de
competencia. El olímpico es también uno de los organizadores. Es lunes, y ahí están
ellos dos, junto a varios y varias más, ordenando el escenario. Los premios, el
podio. Cargando mástiles con banderas oficiales. El olímpico es uno de los
organizadores.
Hora de los
discursos. Reutemann agradece el intendente de Miramar recibe premio y agradece,
promete sol para la próxima. Esa garúa de la mañana se mantiene. Se intensifica,
parece que se larga en cualquier momento. Espero que no lleva ahora, me dice Mariano.
Los ganadores hacen podio, reciben premios, los levantan, saludan, los que sacamos
fotos, descubrimos las maquinas protegidas del agua dañina, para tomar la
imagen definitiva. Max, el viejo Max, es el maestro de ceremonia, agradece bajo
paraguas. Felicita. Me quedo con dos
cosas. La buena cantidad de chicos de Miramar que reciben su distinción en las
categorías más pequeñas. Y en la alegria de Max cuando suben los Bic. El futuro
del windsurf.
Saludo,
agradezco, notas finales. Me voy. Tengo pasaje a las 20.30, debo volver al
camping. Tengo todo listo. Me siento a mirar la laguna hipnótica. Pienso en el
viento. Pienso en el torneo en general. Escribo para mi algunas cosas de esta
crónica que entrego hoy miércoles, dos días después de todo. Me hubiera gustado poder meterme adentro para
sacar fotos y verlos más de cerca a la hora de las regatas. No me anime el último
día. No tuve la confianza necesaria. Es que soy alguien de afuera. El único
medio que cubre el evento más allá de los locales. Es mi primera vez ahí. Es mi
manera de rectificar un error muy grande de todos nosotros en realidad. De los
periodistas, digo. Es un error gravisimo no hacer esto siempre. No por la representación
cordobesa y nacional de la vela en las citas máximas, motivo de orgullo y
noticia. No por aprender más sobre algo que puede parecer lejano. Sino porque,
pocas cosas más bellas como ochenta velas de colores dentro del agua, dominando
los vientos, haciendo deporte cuando todos se guardan adentro porque esta feo
para salir.
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